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viernes, 24 de mayo de 2019

La obsesión y la envidia



El otro día me di cuenta de un usuario de Youtube que se dedica a ir poniendo "No me gusta" a todos mis vídeos. Al principio estaba suscrito, pero más tarde se desuscribió para así continuar con su maldad de forma todavía más anónima. En realidad nunca me han convencido los botones de Me gusta o No me gusta. Creo que es más enriquecedor poner un comentario, aporta más información. Pero en esta pereza social en el que las redes sociales han transformado a las personas (o pretenden hacerlas tomar) por seres poco inteligentes, les ponen un botoncito para que desde el incómodo teléfono móvil donde presuntamente pueden (aunque en mi opinión en general no deberían) verse vídeos, puedan manifestar su opinión sin ni siquiera argumentar el por qué de la misma. Es bastante absurdo si lo pensamos lógicamente. 

Desde que mis padres me compraron mi primer ordenador, un 386 a finales de los 80. Recuerdo cuando tendría sobre 6 u 8 años de edad introducir comandos de forma confusa en mi antiguo ordenador, que por supuesto no operaba con Microsoft Windows. En el 95 creo que salió el primer Windows y vino a resolver ese problema: su sencillez, sus "ventanas" favorecían que cualquier usuario podía comprender en muy poco tiempo cómo funcionaba un ordenador sin tener para ello conocimientos técnicos avanzados. 

Los sistemas informáticos y teléfonos móviles han ido dirigidos hacia la misma dirección, y las páginas web o "aplicaciones" como Facebook o youtube han tratado de rizar el rizo y simplicarlo todo todavía más, a través de unos botones como "Me gusta" que no hacen más que propagar ese virus social y lícito de compartir vídeos que te gustan en las redes sociales de forma rápida y efectiva. Es positivo, en principio, para todos, puesto que el propietario del vídeo puede conseguir más visitas y el que lo ha compartido puede hacerlo de forma rápida y fácil. 

Pero no hay canal de youtube sin haters y como he comentado en otros vídeos, en el othello a algunos jugadores les sienta mal perder. Curiosamente; tras echar un vistazo a foros de ajedrez y curiosear páginas de juegos de las mismas, no veo un sector social de jugadores de ajedrez que estén tan en contra de los jugadores llamados "de élite". Yo no me considero como tal en el othello, pero sí que me parece llamativo que algunos jugadores de élite de othello hayan percibido cierta hostilidad por parte de jugadores más inexpertos. Como vengo diciendo, las explicaciones son varias y aquí voy a tratar de nuevo de sintetizarlas y de dar mi punto de vista. 

1- El artículo de la obsesión me viene ni que pintado para enlazar con lo que vengo comentando. La obsesión no es buena, y sí he detectado una acusación generalizada por parte de los "jugadores rabiosos" (dícese, de esos jugadores que insultan tras perder una o varias partidas") argumentando que somos "frikis" y tratando de acusarnos precisamente, de alguna manera, de ser jugadores obsesivos. La enfermedad mental en ocasiones,-sobre todo para estos individuos-, viene implicada directamente con esa insana obsesión. Es decir, su conclusión es infantil pero a la vez muy típica; Nosotros les hemos ganado al othello, sí, es cierto... pero ellos están sanos mentalmente, nosotros no porque nos pasamos el día jugando al othello y no tenemos otras aficiones. Tal vez nuestra afición sea el othello e incluso hacer otro tipo de cosas como es mi caso, pero no pretendía en este artículo contestar a dichas afirmaciones sino más bien explicarlas. Este sería el primer punto quizá a corregir para tratar de evitar que jugadores novatos sientan recelo de jugadores avanzados en el othello: no debemos transmitir la imagen de jugadores obsesivos, ni mucho menos alardear de ello. Cuestión de otro debate sería la libertad que algunos jugadores pueden tener de jugar al día 12 horas públicamente por ejemplo en Playok.

2- Quizá lo más importante en esto es de nuevo, una correcta fomentación del juego. Como he dicho: torneos donde no se respete a jugadores que vienen a participar, donde no haya cultura de juego, donde se cambien el número de rondas dependiendo del número de participantes o rivales que se ríen de sus oponentes tras ganarles, todo eso no fomenta para nada el juego. Premios al mejor debutante o al jugador revelación, hacen que estas situaciones queden mermadas de forma muy interesante y que se fomente el juego en un ambiente agradable dentro de un torneo. 

3- Tampoco hay que destacar que el othello es un juego de remontadas preciosas, pero que quizá no lo son tanto cuando las sufres tu en tus propias carnes. En el ajedrez está claro que si has perdido la dama vas perdiendo, en el othello muchas veces eso no está tan claro para jugadores principiantes. Yo creo que es uno de los factores que empuja a faltar al respeto por parte de jugadores principiantes o intermedios: consideran que un juego está ganado (y en ocasiones aciertan) pero se olvidan de que la grandeza misma del othello consiste en este tipo de remontadas apoteósicas, que por otro lado se pueden dar si tu rival es sustancialmente mejor jugador que tu. La posición del tablero muchas veces no está clara quién la va a ganar ni siquiera para los mejores jugadores del mundo, ¿cómo iban por tanto ellos a saber si ganan o no un juego por ejemplo en el movimiento 35? a veces es más cuestión de fe que de otra cosa, y algunos jugadores no son conscientes de que como vengo diciendo: los juegos contra jugadores buenos se hacen largos... muy largos. Debido a ello, no son pocos que ante esa situación de sentir que están ganando un juego y de repente perderlo (probablemente por un error suyo) responden peyorativamente.

4- Apuntalando el apartado anterior, las partidas a 1 minuto potencian el factor de las remontadas, del nerviosismo por el tiempo acabándose y de la necesidad imperiosa de ganar (aunque sea por suerte) de algunos jugadores novatos. No son malas personas, no creo que lo sean, de hecho su razonamiento tiene sentido psicológico como vengo comentando. Pero los juegos a 1 minuto potencian todavía más esa sensación de desasosiego que algunos jugadores sienten. No me ha sucedido en un juego ni probablemente en 10, sino en muchos más, jugar a 20 minutos y ver que voy a perder claramente... pero a menos de 5 movimientos del final, mi rival, (con más de 15 minutos para pensar) tildado y acostumbrado tenazmente a jugar rápido, mueve con velocidad y se equivoca en ese juego final. En ese momento, en el que yo sí me he tomado 10 minutos para jugar, gano el juego y la frustración se hace visible en mi rival porque es consciente de que ha perdido el juego por jugar rápido al final. ¿Es culpa mía? pues para muchos, sí, es culpa mía por ejercer mi derecho en Playok de abrir un juego a 20 minutos. No son pocos que me han dicho que les he distraído por abrir un juego tan largo y no dudan en retarme a jugar a 2 o 3 minutos. Mi posterior negativa a jugar ese tipo de juegos no fundamenta más que su intranquilidad y su hostilidad hacia mi.

No es difícil deducir por tanto, que este perfil de jugadores no se van a sentir cómodos jugando un torneo. Algunos jugadores de élite del othello consideran que deben ser respetados por su condición, pero creo que es incorrecto pensar así. Si miramos de nuevo al ajedrez, es cierto que no se observa tal hostilidad por ejemplo con los mejores jugadores, aunque tampoco es una cualidad buscada o deseada por ellos mismos. El othello es simplemente diferente y por eso mismo debemos hacer todo lo posible por fomentarlo, evitando faltar al respeto en todo momento a los jugadores con los que nos enfrentamos. Ya he comentado en alguna ocasión que algunos jugadores incluso se molestan si les damos consejos.

Volviendo a mi canal de youtube, creo que no hay ningún vídeo en el que haya pedido Me gustas o que alguien se sucriba, aunque según comentan los que lo hacen, se consigue el objetivo deseado. Me parece todavía más absurdo que por pedir una sucripción, alguien que no lo fuera a hacer igualmente vaya a hacerlo. En cuanto a los haters, todos los canales de youtube tienen unos cuantos. Desde el momento en que publico vídeos de los que me insultan, puedo ser objeto de su venganza, pero también lo puedo ser desde el momento en que les gano un juego. El miedo a sufrir represalias virtuales por parte de ciertos individuos como he comentado en otras ocasiones, sustenta la decisión de algunos jugadores populares (y muy buenos) de no revelar sus datos personales cuando juegan por internet. Esconderse no me parece la manera correcta de actuar, aunque es respetable. Sospecho que también hay algo cultural en todo esto, pues de mis partidas de othello Japan no he visto conductas antideportivas como puedan ser las faltas al respeto, que por otro lado están presentes hasta en deportes muy populares como el fútbol. Evidentemente, eso no justifica que no se deban corregir y reducir a cero. 

Así que un mayor esfuerzo en fomentar el othello debería estar garantizado, sin esconderse, tratando de comprender a esos jugadores que juegan juegos rápidos y que están nerviosos y teniendo paciencia con los que están aprendiendo en el juego. El othello es un deporte mental maravilloso porque tiene estas pequeñas cosas que hacen que te apasione o te frustre perder. En mi caso le echaba la culpa al juego, así que yo mismo ni siquiera era consciente de que era culpa mia. Cuando empecé a jugar y me remontaban juegos mi conclusión era: "es que en este juego las fichas están posicionadas de manera que no puedo preveer nada y me gana por suerte o por tiempo o porque el juego es rarito" Conclusión: No jugaré más al othello. Esa era mi idea al principio. La idea de otros jugadores es: "me ha ganado porque es un friki", "me ha ganado porque se obsesiona", pero tanto yo como ellos, estábamos equivocados. Hay que saber disfrutar y jugar, y no solo al othello sino a cualquier juego. Lo tengo claro y aunque sea un tópico: un cuerpo y mente cansados no podrán disfrutar al 100% ni del othello ni de otros juegos. La demagogia que apoya la tesis de quienes en ocasiones faltan al respeto argumentando que somos jugadores obsesivos, no debe ocultar que tienen parte de razón al confesar que la obsesión es algo negativo. Debemos por tanto, evitar dicha obsesión, tratar de controlarla, atajarla y si no es posible disimularla en la medida de lo indispensable. La imagen que damos a nuevos jugadores también es muy importante. Trato de que la mia sea positiva en Playok donde de 100 jugadores online apenas un 10% jugamos juegos a más de 15 minutos. Pero jugadores como Nominosukune o yo, creo que más bien al contrario, (no por estar en inferioridad numérica) contribuimos de forma muy positiva a fomentar un juego sano y amigable. Tal vez como yo en su día con Attasan, me di cuenta de que en realidad disfrutaba más jugando a 10 minutos que a 5, otros jugadores se den cuenta de que jugando a 20 minutos, pueden tomarse tranquilamente un refrescto, ir al baño o pensar jugadas que de otro modo ni se les ocurriría a 1 minuto. No voy a obviar el hecho de que yo gané a Attasan en dicho juego, pero perdí antes muchos otros, así que al final en los juegos largos, (como en el othello en general) debemos darnos cuenta de que no es tan importante ganar o perder sino disfrutar un rato jugando a un juego y haciendo jugadas que van a hacer interaccionar el cerebro de nuestro rival de un modo u otro.

viernes, 31 de agosto de 2018

La obsesión y el othello - Parte IV

Desde que leí la célebre frase de un mítico y gran jugador de othello: "el othello es obsesión", he confirmado a través de dicha frase y de repasar algunos de los modos de vida de grandes jugadores, para darme cuenta de que, si bien el othello puede no llegar a ser una obsesión, sí puede existir cierta relación causal más bien sostenida en el modo de vida de la sociedad moderna. Las nuevas tecnologías han transformado la sociedad, y en el caso del othello lo han dado a conocer pero han supuesto una contradicción permanente entre lo que es el juego online respecto del presencial. Online podemos jugar una partida en un minuto sin necesidad de mover, lo cual lo hace bastante cómodo dada la estructura esencial del volteo de fichas del juego. Su atractivo visual lo hace un juego también especial, y viendo que según podemos leer por internet sus combinaciones de juego posibles son casi las mitad que las del ajedrez, (10 elevado a 52), no es un juego tan simple como algunos detractores ajedrecistas han podido afirmar en algún momento. (Es lo que tiene intentar fomentar el othello entre la comunidad de ajedrez, le sacan pegas). Pero; ¿causa el othello la obsesión? Mi opinión es NO, mi opinión es que la obsesión es causada por un estado mental latente esencialmente depresivo. Bienvenidos a la tercera parte del Othello y la Obsesión.

A lo largo de este artículo (o series de artículos) voy a tratar de enlazar las conexiones entre 4 estados mentales negativos. Los podemos llamar por sus siglas DAEO. Depresión, Ansiedad, Estrés y Obsesión. ¿Qué provoca la obsesión? ¿Qué provoca la depresión? ¿Qué provoca el estrés? ¿Qué provoca la Ansiedad? Lecturas de páginas web psiquiátricas y psicológicas me han ayudado a formarme una ligera idea al respecto. Estas son algunas de mis conclusiones.

Psiquiátricamente y con ánimo de simplificar las cosas, podríamos reducir casi cualquier enfermedad mental al nivel de depresión. Por ejemplo, una obsesión causada por un trastorno psicótico, podría tener su fundamento en una depresión subyacente y por tanto no aparente. Tal vez debemos preguntarnos, en caso de que la vida de dichas personas fuera "perfecta", (por ejemplo, aunque es bastante burdo, imaginemos que les toca la lotería y tienen la vida solucionada), si tendrían en ese caso problemas mentales, si estarían deprimidos o tendrían brotes psicóticos. Lo cierto es que la depresión en casi todas sus facetas revela carencias latentes personales en ciertas personas. Pero sobre todo, se ha demostrado que en la mayoría de casos de brotes psicóticos, han sido ocasionados posteriormente tras una situación de estrés. Pongo por ejemplo los brotes psicóticos, como uno de los trastornos más graves que pueden existir, pero podríamos estar hablando de cualquier otra conducta insana mentalmente, y en la mayoría de casos las manifestaciones clínicas se producen tras estar el individuo sujeto a situaciones graves de estrés.

Se ha demostrado hace poco también, que el cerebro humano tiene un límite respecto del estrés que puede llegar a soportar. Superado ese límite, el cerebro busca de manera natural e inconsciente cierta escapatoria, ya bien sea a través del desmayo, en casos repentinos y terriblemente graves el suicidio, o en la mayoría de casos cuando ese estrés no es muy traumático pero sí es influcienciado repetidamente durante el tiempo, en enfermedades mentales asociadas a la depresión. (No voy a entrar en debatir por ahora en este artículo sobre aspectos congénitos, ya que no creo que sea algo que se pueda evitar por lo que no lo considero relevante). Se podría interpretar, por tanto, que el estrés a largo plazo provoca efectos negativos para la salud mental. En resumen: el estrés por un acontecimiento catastrófico en un único día provoca un estado depresivo constante y evidente, pero el reto es detectar ese estado depresivo subyacente cuando ese estrés al que nos vemos sometidos se mantiene de forma regular durante el tiempo. Aquí hay 3 claves a destacar: 1-Infancia. Como acabo de comentar, el cerebro humano tiene un límite general de situaciones estresables soportables, si alguien antes de llegar a la edad adulta ha estado sometido a estas situaciones, es evidente que de adulto tendrá menos aguante y será muchos más vulnerable, 2- Quizá debido a lo primero, el cómo se enfrenta uno a las situaciones de estrés, influyen considerablemente en el efecto que éste tendrá en su salud mental. Algunas opiniones postulan que la capacidad de aguante y de enfrentarse a estos problemas es sustancialmente igual en todas las personas (dado que el cerebro también lo es, en general por ejemplo a todos nos provoca felicidad o placer las mismas cosas, por lo que es lógico que también nos causen tristeza o desasosiego las mismas), de manera que los únicos factores diferenciales serían la educación dada, las posibles escapatorias sociales, la inteligencia (que de nuevo depende de la educación), el tiempo de sometimiento al estrés y el entorno familiar y social. Y 3- Situaciones de estrés separadas durante suficiente tiempo permiten una situación menos grave de la posible dolencia. De alguna manera al menos lo que entiendo es que la lesión mental se asimilaría a una lesión física, por lo que transcurrido un plazo de tiempo, dicha lesión mental se curaría, a pesar de que subsistiría la cicatriz. Otros factores que influyen sin duda son las drogas, (el alcohol por ejemplo es una droga considerada depresiva), en general sustancias que alteren la base neuronal (estupefacientes, drogas ilegales, etc), afectan de manera multiplicativa a todos los posibles efectos negativos de la depresión.

De aquí podemos deducir que ciertas condiciones de trabajo pueden ser negativas para la salud, como se ha probado. Jornadas laborales de más de 12 horas, con un trabajo constante y continuado, conllevan lógicas consecuencias negativas para la salud. El estrés puede llegar antes que la depresión, pero en mi opinión la depresión va incluso por delante. Si bien el estrés constante puede desencadenarla, la situación de tristeza interior catapulta definitivamente el estrés. De nuevo por poner un ejemplo: Si tenemos una jornada laboral de 12 horas pero en las demás facetas de la vida nos va bien, (somos felices) es muy poco probable que se desencadene una situación depresiva. En mayor o menor medida, existen situaciones de tristeza. Como he comentado en otros artículos, psicólogos se rasgaban las vestiduras porque la comunidad médica internacional empezaba a plantearse (y creo que lo habían consensuado finalmente) considerar como depresión el estado de tristeza que durara durante 6 meses o más tiempo. Esto supuso una dura crítica por parte de los psicólogos, ya que implicaba la evidente toma de fármacos transcurrido dicho tiempo, (con el implícito mercado farmecéutico detrás), pero fue controvertido especialmente porque en los años 90 parece ser que no se solía considerar que alguien tuviera depresión a menos que la misma durara 2 años.

Sin quitarle la razón a los psicólogos, y teniendo en cuenta conductas patológicas que he visto en gente que he conocido, parece evidente que ciertas conductas de una depresión leve o de una depresión mayor en recuperación, se mejoran a través de ciertas obsesiones. La obsesión es la canalización o vía de salida a cierta depresión, si es que existe esa salida, pues podría más bien ser la otra cara de la moneda, la cara "dulce", por llamarlo de alguna manera.

En mi opinión, la depresión (en mayor o menor medida) está provocada por el ritmo de vida que llevamos, tal vez por tener un trabajo que no nos gusta, o por alguna otra situación en especial que no nos atrae. Creo que es importante destacar que pueden haber muchas personas deprimidas jugando a othello, dado que no es un hobby quizá muy popular, pero también reconozco que ni mucho menos deberían suponer,-a mi juicio-, más del 10% de la población de jugadores de othello. La idea sería comparar dicha tasa con la tasa habitual de una población, la cual no pienso que variara sustancialmente. Comprender las 2 mentalidades y clasificar a la población en 2 grupos macrosociales: (deprimidos/no deprimidos) sin atender a la intensidad del hipotético trastorno, ayuda también a enteder el movimiento poblacional de jugadores de othello y su posterior retirada del panorama othellístico. El othello se convierte en una parte importante de su vida, pero por alguna razón deciden dejarlo y no volver a jugar. Jugadores que antes eran habituales, deciden dejarlo. He pensado que en parte puede tener culpa el juego: 1- Las derrotas en el othello por su característica de juego final hilarante las hacen muchísimo más duras que en cualquier otro juego de mesa. Algunos jugadores simplemente eso les provoca estrés, haciendo que no puedan soportarlo más, y decidiendo por tanto ignorar el juego definitivamente y 2- La característica relativamente simple de muchas aperturas, unido al hecho de que no es un juego muy popular ni del que se puedan ganar la vida, hace que también sea más sencillo dejarlo. Estos 2 puntos son árduamente comentados a lo largo del blog, por lo que no los expandiré por ahora. Sin embargo, quizá una mejora de la situación personal de la persona, (a más felicidad) comporta dejar el othello de lado, siendo ya no necesario esa muleta que era el othello para hacer la vida más alegre y llevadera. Por lo contrario, una vida ya feliz de por sí, hace inútil el othello ya que únicamente conlleva cierto estrés y problemas el participar en campeonatos en los que las derrotas duelen y solo nos aportan estrés. Con esto, como he comentado, no quiero decir que la población mundial de othello sea de tendencia más depresiva que la normal, pero sí busco explicaciones a por qué con los años ha perdido jugadores. Aun con todo ello, me voy a centrar en el othello como herramienta útil para poder superar un proceso de tristeza.

Desde mi punto de vista, la obsesión es la manera de afrontar la depresión. Es decir, parece muy poco probable que una persona se obsesione en el othello si no está previamente deprimida, o tal vez tenga cierta carencia social que desee compensar. ¿Por qué un jugador se levanta cada día por la mañana y estudia 4 horas aperturas? ¿por qué las restantes 12 horas las dedica a estudiar y jugar a othello? ¿es feliz? Tal vez no, está obsesionado. Pero su ansiedad por ganar un campeonato es lo que le hace llevar esa conducta. Salir campeón del campeonato es su forma de compensar la proporcionalmente enorme carencia que debe tener en su vida personal, (empezando,-evidentemente-, por la laboral). Me niego a creer que alguien puede ser medianamente feliz repitiendo cada día una rutina de 16 horas de lo mismo, incluso por placentero que eso fuera. No es casualidad que una función que (deberían) desempeñar los departamentos de Recursos Humanos de cualquier empresa, es velar por un reparto de tareas. Es decir, cualquier trabajo es cuanto más pesado, si tenemos que repetir lo mismo durante 7 u 8 horas. (Aquí me va bien mencionar aquella famosa sentencia por acoso laboral en el que salió victoriosa una mujer que denunció a su jefe porque le obligaba a hacer fotocopias sin sentido las 8 horas de la jornada laboral). Tradicionalmente, trabajos relativamente pesados, han sido compensados con buenos salarios. De nuevo, la carencia de felicidad por repetir 8 horas al día lo mismo y el estrés que eso conllevaba, se compensaba de alguna manera. Cuando no existe esa compensación, somos nosotros los que la buscamos, de manera directa o indirecta. Por lo que me niego a creer que alguien pueda ser feliz dedicando tal ingente cantidad de horas al día al othello, (de hecho se asemejaría muchísimo a la vida que se podría llevar en una prisión). Más importante: ¿qué sucede cuando si después de ese trabajo dicho jugador no consigue ganar lo que se propone? Es evidente que su situación empeora, pasa una crisis, desaparece tal vez del panorama del othello, pero prácticamente nadie se entera de la agonía de su salud mental durante esa dura etapa.

La obsesión, como he dicho, se fundamenta en un pensamiento único durante gran parte del día, que en ocasiones y como estoy redactando en este artículo, me refiero al othello. Es cierto a pesar de todo, que cuando una persona está deprimida, no le apetece hacer nada. Es característica de la depresión el no tener ganas de hacer nada, incluso lo que habitualmente nos puede gustar. Por ello, la obsesión es un paso más avanzado de la depresión, que como he comentado es la "superación parcial", o al menos la sobrellevación de esa depresión, a un terreno que nos proporciona un plus de felicidad para compensar cierta tristeza interna. No voy a ser yo quién invente la sublimación (para eso ya estuvo Freud), pero sus postulaciones y por lo que he podido leer, iban encaminadas en ese sentido, (aunque personalmente, siempre me ha parecido demasiado simplista al enfocarlo todo desde el punto de vista sexual). Carencias internas se compensan con actividades concentradas y obsesivas en otros focos, hobbies quizá desatados, que equilibran la balanza y que mientras no nos supongan estrés, nos aportan salud mental, (y física en caso de ser un deporte). La obsesión, el mentalizarnos con estas cosas, nos ayuda a desconectar y en ocasiones el éxito tras un duro obsesivo trabajo es hasta visto de forma positiva socialmente. Es cuando esa obsesión se vuelve enfermiza, cuando nos puede hacer daño y es de lo que hablaré al concluir el artículo.

Si nos centramos en un estado más avanzado y profundo de depresión, esa persona tiene obsesión en sentido negativo. Es decir, si en nuestra vida algo nos amarga o nos agovia, (por ejemplo, un mal trabajo, aunque hay infinidad de ejemplos) nuestra obsesión será pensar en ese mal empleo que nos perjudica nuestra calidad de vida. El ejemplo clásico que se suele poner en este plano es el fallecimiento de un ser querido. El pensar que ya no vamos a estar con él o ella, que nuestra vida va a cambiar, va a hacernos en si, la vida todavía más complicada. Este ejemplo exagerado, (pues resulta evidente el estado de tristeza en estos casos) sirve para comprender a la perfección como funcionan las obsesiones. No podemos dejar de pensar en algo, y si ese algo nos hace bien, nos sentimos bien: el enamoramiento es el clásico ejemplo. Cuando estamos enamorados estamos pensando en esa persona especial que nos hace feliz, y eso nos da calidad de vida y nos sentimos bien. Por lo contrario, cuando estamos tristes, esas obsesiones nos hunden más, haciendo que lleguemos a tener por tanto cierta depresión. Aunque antes he aseverado que la depresión conlleva a la obsesión, en casos extremos es al contrario, pero estoy convencido de que únicamente en casos extremos, (fallecimientos de seres querido o hechos traumáticos). Así que la relación en general, para el resto de personas que no hayan experimentado un suceso traumático siempre será de cierta depresión compensada con cierta obsesión (positiva).

¿Cómo salir pues de la depresión? Evidentemente cuando no tenemos ganas de hacer nada, hay poco que hacer. Los antidepresivos no tanto ayudan a ser feliz sino más bien reactivan la energía general del sistema neuronal, de manera que somos más proclives a iniciar proyectos o a hacer cosas. Suele ser aconsejable en muchos casos, tomarlos con una combinación de ansiolíticos, puesto que esta proactividad puede inducir a un aumento de la ansiedad, que es el otro factor que iba a comentar. La Ansiedad, es la sensación negativa antes de un suceso, mientras que para mi el estrés supone la sensación negativa, después o durante ese suceso. La ansiedad no es más que una manifestación parcial de la depresión y de la obsesión enfermiza. Mientras no existe esa ansiedad antes de llevar a cabo ciertas tareas, no existe obsesión,-teóricamente-, enfermiza. La ansiedad es común diría al 99% de trastornos psiquiátricos, por lo que como factor generalizado resulta más sencillo medicarlo de forma genérica, y hasta catalogarlo. Sin embargo especificar el tipo de ansiedad resulta algo mucho más complejo.

Imaginemos de nuevo, volviendo al ejemplo del jugador de othello de 16 horas diarias de entrenamiento. La ansiedad que debe sentir antes de jugar ese torneo para el que lleva preparándose años de esa manera, debe ser brutal. Dicha ansiedad apuesto que hasta le hace jugar peor el torneo. Por último la ansiedad suele desencadenar en síntomas psicosomáticos de todo tipo, como dolor en el pecho, dolor de vientre, dolor de cabeza, y en general un estado enfermizo generalizado.

Es entonces cuando, como salida a la depresión, debemos encontrar hobbies o cosas que nos hagan pensar de forma positiva. Actividades que hagan entretenernos con algo que nos mantenga ocupados. Por ello el primer paso quizá es solicitar la baja laboral si ese trabajo nos está amargando la existencia. A continuación, buscar quizá actividades que nos permitan tener la cabeza ocupada está bien, y el othello es una de ellas.

Conseguimos estar distraídos, pues es muy difícil pensar en algo negativo mientras estamos en plena partida de othello. Dejamos de pensar en lo que nos apena y disfrutamos del juego. El othello sirve pues, como apoyo para salir del hoyo. Pero tenemos otro problema: ¿vamos ahora a estar todo el día obsesionados con el othello?

Si para no estar deprimidos u obsesionados jugamos a othello pero nos obsesionamos con el juego, realmente no estamos logrando gran cosa. A nivel personal, me ha pasado estar jugando demasiadas horas al día (quizá 8), por lo que así fue como empecé a limitar las partidas. Habitualmente, juego 5 partidas al día como máximo, (si son rápidas). Supongamos que esas 5 partidas tengo calculado que las completo en una hora. El inconveniente que tiene esto es que me puede apetecer jugar más. Es difícil establecer una cantidad de horas de saciedad al jugar a un juego, ya que depende de otros factores como el aburrimiento. Si jugamos una cantidad de horas o realizamos una cantidad de horas efectivas a algo pero para no obsesionarnos lo limitamos, realmente no conseguimos gran cosa si durante el resto del día hacemos otras cosas pero estamos pensando (obsesionados) en dicha actividad. Hay sistemas para remediar esto que ahora comentaré, pero en general, limitar el tiempo al que estamos dedicando a una cosa a la que nos es difícil resistirnos (por ejemplo jugar muchas partidas de othello) es algo útil y que a la larga puede ayudarnos a no estar obsesionados con ello. En un estado depresivo, motiva el pensar que al día siguiente tienes otra sesión de juego, por lo que te despiertas con ánimo de hacer algo divertido ese día.

Aquí la clave es tener diversos hobbies. Es decir, el othello por sí solo, sería un problema como solución única a un estado depresivo. El hecho en cambio de tener una diversidad de tareas agradables, es lo que hace no solo salir de la depresión sino hacer la vida más llevadera al 100% de la gente. Como he comentado anteriormente, si estamos jugando demasiadas horas al othello, seguramente nos terminaríamos aburriendo, y no sería tan divertido como jugar menos. En cambio, jugar o hacer otras actividades, potenciará nuestro ánimo a positivo, de manera que cuando terminemos del othello, nos puede tocar ir al gimnasio, y cuando terminemos del gimnasio, nos puede tocar ver un partido de fútbol. En definitiva: el estado depresivo se lleva con estas actividades que te hacen la vida soportable o más feliz. No es algo innovador, pero permite establecer un nexo más preciso entre lo que comentaba al principio.

La Depresión pues, motivada por quizá un ritmo de vida desagradable, un mal empleo o cualquier otra circunstancia, provoca una ansiedad que se fundamenta en la posterior tristeza tras realizar ciertas actividades. Es decir, la ansiedad es en la mayoría de casos la manifestación clínica de la depresión. Una ansiedad exacerbada se puede deber a que tal vez asociamos un campeonato de othello a un día en el que podemos perder juegos y eso nos va a poner tristes, como me han comentado que les sucede a algunos jugadores, motivo por el cual directamente no juegan campeonatos. Otro ejemplo, a nivel personal me han hecho cosas desagradables en varios campeonatos en los que he jugado, (eso me lleva a pensar por qué no juegan tantos jugadores a othello) dado que no hay reglas o las reglas las aplican de forma mafiosa para beneficiar a sus amigos. Eso es injusto y las injusticias causan tristeza, no solo a mi. Así que he llegado también en pensar en no participar y jugar online, como hacen muchos jugadores. Pero, ¿voy a dejar que los que no saben organizar un torneo con reglas estrictas eliminen el othello? Motivo de debate en otro artículo puede ser este tema. Si nos gusta jugar, pienso que debemos hacerlo, aunque ciertos jugadores pueden pensar que sin unas reglas limpias prefieren no jugar.

Así se cierra el círculo: la depresión conlleva ansiedad previa a actividades que nos pueden originar cierta tristeza. El estrés, es la ansiedad posterior o durante la realización de dichas actividades. Su manifestación en torneos de othello es evidente, motivo por el cual jugadores a los que quizá no les provoca ansiedad jugarlos (no están deprimidos) también podrían potencialmente rechazar jugar torneos de othello porque ello les provoca cierto estrés.

Realizar una diversidad de actividades ayuda a restarle importancia al othello, y a enfocar los torneos como un día sin importancia en el que debemos darle más énfasis al disfrutar. Es difícil decirlo, porque en un torneo de othello se están muchas horas jugando, pero aun así, creo que es importante tener otras actividades en la vida a parte del othello, que nos permitan desconectar y no darle tanta importancia a un campeonato de othello, sino más bien utilizarlo controladamente para ser más felices.

miércoles, 25 de abril de 2018

La obsesión y el othello - Parte III


Parte II: "Psicológicamente, (e incluso psiquiátricamente), está demostrado que el cerebro no puede soportar demasiado estrés durante demasiado tiempo. Termina por colapsar. Estrés, depresión, insomnio o psicosis, son, (de menos a más) los síntomas más negativos de un cerebro que busca a la desesperada una salida a esa situación. No es casualidad pues, que en la antigua tortura china, los ejecutados se desmayaban y perdían el conocimiento, cuando el cerebro no podía soportar más tensión. En la vieja tortura española de la bella durmiente, (torturar a un preso sin dejarle dormir durante días) la muerte se producía por suicidio del reo al no poder soportar esa situación. Estudios demuestran que ese tipo de torturas mentales eran las más dolorosas con diferencias, superiores a cualquier otra cosa física que nos podamos imaginar. Es importante tener esto en cuenta, porque nos ayuda a hacernos una idea de como el cerebro trata de escapar de determinada situación, incluso aunque no nos demos cuenta de ello. El papel que juegan los fármacos hoy en día, maquillan pero no solucionan el problema, la obsesión por el othello no es buena, la obsesión en general, no es algo de lo que alguien deba enorgullecerse. Otro apunte: jugadores obsesionados son candidatos a ponerse extremadamente nerviosos en un evento presencial, motivo por el cualo directamente no participan. Les frutra demasiado ver que su nivel baja en una partida en vivo, no lo comprenden y directamente la contradicción se apodera de su inconsciente: por un lado juegan y juegan más y más partidas online, pero por otro no sienten un especial interés por hacerlo en vivo. Esto es negativo para el othello en general."

Entonces, ¿cómo sabemos si somos víctimas de una obsesión? de nuevo, en base a mi experiencia personal y al concepto del tiempo, creo que podemos hacernos una idea. Jugar un día quizá 16 horas seguidas desde luego, no es malo. Jugar 2 días 16 horas seguidas, tampoco. Jugar 4 días seguidos 16 horas, empieza a ser un problema. Por otro lado, jugar un poco rato al othello al día, desde luego no debe ser un problema. La mayoría de la gente lo hace y no tienen mayor inconveniente. Aquí me he fijado en lo que considero una mayoría de gente sana (quizá el 70-90% de la población de sites web de internet) comparando conductas de estas personas respecto de aquellas que en cambio pasan mayor tiempo conectados. No es sorprendente pues, comportamientos más apáticos e inlucos irrespetuosos de personas que pasan mayor tiempo seguido a diario jugando, hasta el caso de jugadores que me han confesado su psicosis pero que por otro lado son incapaces de renunciar a sus más de 8 horas diarias de othello. Aquí evidentemente comprenderá el lector que no voy a revelar nicks ni nombres personales. 

Yo pongo la cota en las 3 horas diarias. ¿Significa esto que si jugamos 3 horas al día y 10 minutos estamos en riesgo? Claro que no, de ahí la dificultad de medirlo realmente. Incluso creo que la obsesión en el othello juega 3 papeles fundamentales, pero no solo la obsesión del othello sino una obsesión en general. A falta de leer más bibliografía al respecto, me atrevo a afirmar: 1- La obsesión se mide en función de las horas netas (o con el 100% de conciencia de aplicación) empleadas en dicha actitud obsesiva, 2- La obsesión se mide por las horas brutas que dedicamos a la obsesión, es decir, en los ratos, minutos u horas que pasamos durante el día pensando en dicha obsesión sin efectivamente ejecutar la conducta material, y 3- La obsesión se mide también por el conjunto de otros quehaceres, hobbies, habilidades, trabajo o recreos que llevemos a cabo durante el día. Voy a poner varios ejemplos.


Un ejemplo que siempre me viene muy bien en estos casos es el de los casinos, más aun hoy en día que podemos apostar en cualquier página web. Las casas de apuestas, conocedoras de la debilidad de muchos jugadores, en un anuncio de una conocida casa de apuestas, sale un jugador apostando...¡en el trabajo! el eslógan es: "desde cualquier sitio...". Este anuncio me va perfecto para ilustrar de alguna manera lo que trato de explicar en este artículo, no es casualidad pues que los publicistas son muchas veces grandes psicólogos y conocedores de los puntos débiles de sus potenciales clientes. 

1- Un jugador que esté enganchado a la ludopatía o a las apuestas online, seguramente dedicará muchas horas al día a ello. Esas serían sus horas netas. 2- Un jugador ludópata estará pensando durante otros momentos del día, en qué apostar aunque en dicho momento no pueda hacerlo. En casos extremos, como en el anuncio, apostará en el trabajo a través del teléfono móvil sin que su jefe lo detecte, o se irá al lavabo a hacer una apuesta sin que nadie lo vea, en el othello podría irse al baño a jugar una partida rápida. Son las horas brutas en las que no está efectivamente jugando o apostando, pero que está pensando en ello. Y 3- Un ludópata por lo general no tiene aficiones diferenciables respecto de su hábito. Es habitual que alguien esté enganchado al bingo, al poker o al blackjack simultáneamente, pero no que también esté por ejemplo enganchado al ciclismo o al othello. Es decir: si únicamente tenemos un hobbi o afición: el othello, tenemos más papeletas para obsesionarnos con el othello. Lo cual no quiere decir que el tener muchas aficiones nos hace inmunes, pero es lógicamente más difícil estar obsesionado durante todo el día en una misma cosa si por definición lo que nos obsesiona no es una misma cosa. En un caso extremo yo creo que se llega a cierto equilibrio, pero no hay estudios reveladores al respecto. Yo creo que estar obsesionado con varias cosas a la vez, hace al final como una especie de compensación de equilibrio y que suaviza más las obsesiones compensándolas con otras distintas.

Aquí creo que lo más importante es ser conscientes del siguiente razonamiento: 1- Jugar muchas horas a un juego puede implicar que afecte en las horas brutas, 2- Jugar muchas horas a un juego hará que pensemos involuntariamente en él. Yo sigo insistiendo con el límite de las 3 horas. El cerebro, a parte de dormir, sigo pensando que no puede estar activo durante todo el día al 100%, de ahí que tengamos que hacer actividades relajadas. Jugar al othello lo es, pero debemos controlar realmente qué efectos nos produce. 

Lo más importante es el rato que estamos pensando en el othello y no estamos efectivamente jugando. Si por ejemplo jugamos 2 horas al día pero no estamos pensando constantemente en que llegue ese momento para poder jugar, vamos bien. Yo comprendí de la importancia de las horas brutas o muertas cuando debía esperar en Playok hasta 3 horas para jugar. Cuando abría a limitación de 1500, estaba 3 horas en las que efectivamente no estaba jugando. Pero me obsesionaba porque sí estaba esperando. Aunque hacía otras cosas mientras esperaba, inconscientemente estaba pendiente de esperar en esa partida. Por tanto, no solo debemos tener en cuenta las horas que jugamos, sino el rato que dedicamos sin estar al 100%. Plataformas como eOthello u Othello quest reducen los tiempos de espera 0 en muchos casos, de ahí uno de sus aspectos más positivos.

Supongo que psicológicamente todo esto tendrá un nombre más técnico. En mi caso también me gusta el fútbol y jugar a videojuegos. Es evidente que cuando lo hago ni me acuerdo del othello. Si me acordara, podría tener un problema. Tener otras aficiones, ayuda a que no nos obsesionemos tanto, pero como en la vida, las aficiones que tengamos es algo muy personal y no a todas las personas les apetece iniciar nuevas actividades o aprender a hacer otras cosas, algo que sin duda destaco como clave para no obsesionarse especialmente con el othello.

miércoles, 10 de enero de 2018

La obsesión y el othello - Parte II

Identificar el problema

Parte I: "En esta primera parte he tratado de desmentir dicha aseveración. Estar obsesionado por el juego, es malo. Más adelante entraré a debatir sobre si únicamente estando obsesionado se consigue ser el número 1 del mundo (en principio no lo creo). En la próxima parte comentaré los principales síntomas que pueden indicar que estamos obsesionados, para que seamos capaces de identificar el problema. Sin embargo, en los temas mentales es de crucial importancia reconocer el problema. Reconocer dicha obsesión. Si ni siquiera se reconoce el problema, es prácticamente imposible llegar a solucionarlo. Cuando empecemos a ser conscientes del problema, podremos empezar a solucionarlo o a controlarlo. Pero si ni siquiera lo queremos reconocer, quizá la obsesión desborde nuestro cerebro tarde o temprano, como el agua que entró en el Titanic y terminó por hundirlo, mientras los violinistas seguían tocando."

El problema más inmediato que implica la obsesión es cierto estrés, asociado al incumplimiento quizá de tareas habituales más importantes que el othello. El pensamiento de poderlas hacer después, cobra fuerza en este punto. A nivel personal, recuerdo con cierto cariño en mi último año de universidad por allá el 2013.. llegar 10 minutos tarde a clase por jugar varias partidas de othello. El componente no tanto obsesivo sino lúdico que tienen todos los juegos, hacen el resto. Hacen que se mezcle obsesión con ganas de jugar, y realmente a nivel interno ni siquiera sabes o eres consciente de que estás empezando a tener un problema. 

Recuerdo cuando me contaron el caso de un muy buen jugador. Un jugador de sobre 2000 puntos de Elo en Playok había caído derrotado más de 20 veces seguidas contra otro jugador de más puntuación que él. Yo jugué con el jugador que había perdido 20 veces seguidas y creo que me metió un parcial de 10 a 2 o 9 a 3. Durante esos juegos estuvimos hablando y me comentó el modus operandi de su rival, un Gran Maestro de al menos 7 dans: Se levantaba por la mañana, procedía a estudiar 4 horas al othello. Lo hacía en papel, memorizando secuencias de aperturas. No jugaba ninguna partida, simplemente se memorizaba secuencias y más secuencias desde la apertura durante esas 4 horas. Las 4 siguientes horas del día las utilizaba realizando problemas de juego final, también con el Zebra o en papel. Posteriormente pasaba las siguientes 4 horas del día jugando en Playok. Por último, 4 horas más analizando todas esas partidas (o casi todas) para detectar fallos. Ese era su día a día. 

Resulta muy difícil de imaginar un día a día así en una persona que no esté obsesionada por el othello. Deberíamos preguntarnos: ¿a partir de qué momento dicho jugador decide autoimponerse ese horario? ¿está disfrutando realmente con eso? ¿son sus ansias de ganar un Campeonato mundial tan grandes que hace que lo apueste todo en su vida a ello? Es evidente que esa programación en 4 bloques de 4 horas, le dejan 8 horas para dormir y 16 para el othello. Se puede deducir con cierta lógica que dicha persona no trabaja. De lógica también podemos simplemente dar por hecho que su nivel es tremendamente potente. ¿Acaso podemos nosotros compararnos con él si no hacemos lo mismo? De hecho, si él no fuera mejor que nosotros después de llevar años aplicando dicha rutina, es que realmente él es tonto... y eso es lo preocupante. Las derrotas para estos jugadores son muchísimo más dolorosas que para nosotros. La obsesión no solo pinta un papel negativo en nuestro día a día, sino que tiñe cada derrota de un cruel sarcasmo. Supongo que estas personas creen, (con cierta razón) que no deberían perder ciertos juegos o cometer ciertos errores porque simplemente los han trabajado o estudiado, y el hecho de comprobar que son humanos y que incluso aun así fallan, les puede crear una sensación muy negativa.

Algunos jugadores expertos pintan las derrotas como lo debemos hacer todos: Es un juego y a veces se pierde. Punto final. En el othello, al contrario que en el ajedrez, los Grandes Maestros pueden perder contra aficionados. Eso hace grande al juego, eso hace que valga la pena. E insisto: imaginémonos que llevamos semanas trabajando una apertura para batir a un rival en un torneo presencial. Llega el día clave, aplicamos la apertura trabajada y perdemos igual, ¿acaso no nos sentaría peor que si en cambio no hubiéramos estudiado nada? 


Otro día explicaré cómo enfrentarse a la derrota. Pero resulta evidente que la obsesión no es buena, incluso aunque mejoráramos nuestro juego de una manera tremenda. Aquí comparto una captura del amigo Max, donde también por alguna razón decide quedarse practicando toda la noche antes de un torneo. ¿Realmente merece la pena? ¿Acaso va a poder potenciar más su nivel jugando toda la noche? Al final creo que los jugadores pierden la conciencia de lo que es el juego o un evento como un sitio donde se va a disfrutar y donde se va a conocer a gente y a pasar un rato agradable. 

Es cierto, a todos nos ha pasado llegar a un examen de la universidad o del colegio o de cualquier cosa y sentir la tentación de minutos antes, repasar los apuntes por si entra eso que no te sabes. Os puedo garantizar que en la mayoría de casos no vale la pena. Quizá no sea muy buen jugador de othello, pero creo que soy bueno estudiando. Lo que tú estudias, especialmente para un examen complejo, lo acumulas a través de un estudio de varios días. En el fútbol hay una ley no escrita elaborada por los italianos que dice: "no intentes ganar en 1 minuto lo que no has podido ganar en 90 minutos". De ahí que muchos equipos pacten inconscientemente una prórroga en partidos importantes cuando falta poco para que termine el juego. Lo contrario puede implicar una contra por parte del equipo rival debido a errores inesperados. En este tipo de asuntos pienso lo mismo: Ni vas a poder aprenderte en 5 minutos lo que debiste estudiar durante 10 horas ni vas a poder mejorar en el othello en un día lo que no has mejorado en meses. Tu nivel de othello, como casi todo en la vida, sube progresivamente y a poco a poco, y vas más despacio aprendiendo cuanto más experto te haces. Ni tiene sentido obsesionarse con estudiar el juego en profundidad días antes ni mucho menos durante el descanso para comer durante un torneo oficial. ¡Disfruta! ¡Conoce a gente! ¡Habla! ¡Come! Deja el ordenador a un lado y el análisis, ya tendrás tiempo de analizar los errores al día siguiente en tu casa cómodamente en tu sillón cuando estés solo tomando una taza de café... y ahora disfruta del evento de othello como solo él se merece. ¡No dejes que la obsesión se apodere de ti!

¿Hasta qué punto es dañino entonces? ¿cuando perdemos el empleo por culpa del othello? ¿cuando no podemos mantener una conversación en un torneo por revisar la partida posteriormente? Tratando de establecer un criterio horario, creo que hay un número de horas a partir del cual podemos "rebasar la línea". Evidentemente, es un dato muy subjetivo, pero aun así, paradójicamente objetivo. Debe existir un número de horas a partir del cual la obsesión hace mella en nostros. Siempre recuerdo aquí a los boxeadores. Lo he comentado otras veces: un boxeador de 20 y pocos años recibe un puñetazo y no le afecta igual que cuando tiene 30 años. El mismo golpe, 10 años atrás, le afecta más. Se dice en el argot del boxeo que el boxeador va metiendo en una cajita todos los golpes que recibe durante su carrera, y que llega un punto que esa cajita simplemente estalla o no puede retener más golpes, momento en que dicho boxeador debe retirarse. 

Psicológicamente, (e incluso psiquiátricamente), está demostrado que el cerebro no puede soportar demasiado estrés durante demasiado tiempo. Termina por colapsar. Estrés, depresión, insomnio o psicosis, son, (de menos a más) los síntomas más negativos de un cerebro que busca a la desesperada una salida a esa situación. No es casualidad pues, que en la antigua tortura china, los ejecutados se desmayaban y perdían el conocimiento, cuando el cerebro no podía soportar más tensión. En la vieja tortura española de la bella durmiente, (torturar a un preso sin dejarle dormir durante días) la muerte se producía por suicidio del reo al no poder soportar esa situación. Estudios demuestran que ese tipo de torturas mentales eran las más dolorosas con diferencia, superiores a cualquier otra cosa física que nos podamos imaginar. Es importante tener esto en cuenta, porque nos ayuda a hacernos una idea de como el cerebro trata de escapar de determinada situación, incluso aunque no nos demos cuenta de ello. El papel que juegan los fármacos hoy en día, maquillan pero no solucionan el problema, la obsesión por el othello no es buena, la obsesión en general, no es algo de lo que alguien deba enorgullecerse. Otro apunte: jugadores obsesionados son candidatos a ponerse extremadamente nerviosos en un evento presencial, motivo por el cualo directamente no participan. Les frustra demasiado ver que su nivel baja en una partida en vivo, no lo comprenden y directamente la contradicción se apodera de su inconsciente: por un lado juegan y juegan más y más partidas online, pero por otro no sienten un especial interés por hacerlo en vivo. Esto es negativo para el othello en general. (En unos meses la tercera parte).

miércoles, 25 de octubre de 2017

La obsesión y el othello



El otro día leía en el blog de Seeley que comentaba que cuando era joven estaba más obsesionado con el juego. He conocido a diversos jugadores de othello y parecía que tenían el mismo problema. Digo que es un problema, ya que la obsesión no creo que sea algo muy positivo (especialmente a largo plazo). La palabra me parece especialmente acertada y precisa, veamos la definición en español:

1. Estado de la persona que tiene en la mente una idea, una palabra o una imagen fija o permanente y se encuentra dominado por ella. 2. Idea, palabra o imagen que se impone en la mente de una persona de forma repetitiva y con independencia de la voluntad, de forma que no se puede reprimir o evitar con facilidad.

He marcado de color rojo los aspectos negativos de la definición. No creo que sea bueno estar dominado por una idea o ideas, en este caso pensar repetitivamente en el juego, en las aperturas o algun aspecto concerniente al mismo. No obstante, a todos nos habrá pasado en ocasiones estar durante gran parte del día pensando en algo: ya sea el trabajo, nuestra boda o algún evento relevante en nuestra vida. Así que por eso a nivel personal distingo lo que sería una obsesión de una obsesión enfermiza. Yo creo que empieza a ser enfermiza cuando dicha obsesión se prolonga durante meses o años. 

Son temas psicológicos que no controlo demasiado. Sin embargo sí he leído algunos libros de psicología al respecto, aunque las opiniones de las que he extraído más riqueza han sido las vertidas por un psicólogo que conocí una vez. Él comentaba que psicológicamente, todos los seres humanos nos obsesionamos y lo pasamos mal por ejemplo si se muere un familiar o allegado querido/a. El psicólogo me comentó que lo habitual era estar deprimido durante 6 meses. Transcurridos 6 meses, si todavía alguien seguía deprimido u obsesionado con el fallecimiento del ser querido, esa obsesión o infelicidad que en principio era transitoria, degeneraba en una depresión. La depresión, como problema de salud más grave, implicaba un evidente tratamiento no solo psicológico sino psiquiátrico, sustentado en base a la toma de fármacos. 

En aquella conversación el psicólogo me comentó que en los años 90, el convenio internacional era no considerar como obsesión o depresión patológica (la traducción médica y formal pienso yo que de "enfermiza"), las depresiones que duraran menos de 2 años. Es decir, en el nuevo siglo cambió la convención y psicológicamente se empezó a considerar que una persona debería superar la muerte de un ser querido en menos de 6 meses y no 2 años como sucedía años atrás. La idea tenía pinta que iba enfocada a considerar a alguien con depresión lo antes posible para así poder tratarlo y venderle medicamentos. 

Como vemos en el ejemplo que he puesto, hay mucha controversia incluso a nivel de la medicina internacional sobre los tiempos acerca de los cuales una obsesión se puede convertir en un problema de salud de nuestra vida. Al tiempo que he jugado a othello durante muchas horas, también he estado estudiando durante otras muchas horas, por lo que también por temas de estudio me he sentido demasiado obsesionado, agobiado y por tanto mal psicológica y hasta físicamente. De manera que lo que hay que reconocer, es que pasado un tiempo, la obsesión puede pasarnos factura. Lo difícil es realmente determinar cuanto tiempo es necesario que transcurra hasta que esas consecuencias negativas afecten a nuestra salud, y en qué consistiran dichas consecuencias negativas. Pueden ir desde el insomnio, hasta el estrés, pasando por la depresión e incluso me ha comentado un jugador que ha tenido psicosis. 

Lamentablemente, se considera que el tiempo por el cual podemos soportar "sanamente" una obsesión, viene definido a partir del momento en el que dichas consecuencias negativas como las mencionadas en el párrafo anterior, empiezan a afectar a nuestra salud. De ello deriva una implicación tan lógica como peligrosa: No podemos saber realmente cuando la obsesión nos habrá hecho un daño puede que irreparable a nuestra salud mental. Y quiero hacer especial hincapié en lo de salud mental, porque de una torcedura de tobillo u otro daño físico no grave, nos podemos recuperar todos, pero a nivel psíquico-psicológico, resulta muy complicado recuperarse una vez se experimentan ciertos síntomas.

 Un gran Maestro Japonés con un mensaje que se me traduce como: "El othello es obsesión"

Así que la obsesión por el othello es un problema que debemos atajar, controlar, dominar y tratar de controlar. Está bien que nos guste el juego, pero una obsesión puede convertirse en algo insano que en última instancia puede hacernos mucho daño. Y acabo esta primera parte de nuevo apuntando a Seeley: él parece reconocer que jugaba obsesionado, o que dicha obsesión existía. Algunos jugadores no ven ninguna relación negativa entre obsesión y salud. En esta primera parte he tratado de desmentir dicha aseveración. Estar obsesionado por el juego, es malo. Más adelante entraré a debatir sobre si únicamente estando obsesionado se consigue ser el número 1 del mundo (en principio no lo creo). En la próxima parte comentaré los principales síntomas que pueden indicar que estamos obsesionados, para que seamos capaces de identificar el problema. Sin embargo, en los temas mentales es de crucial importancia reconocer el problema. Reconocer dicha obsesión. Si ni siquiera se reconoce el problema, es prácticamente imposible llegar a solucionarlo. Cuando empecemos a ser conscientes del problema, podremos empezar a solucionarlo o a controlarlo. Pero si ni siquiera lo queremos reconocer, quizá la obsesión desborde nuestro cerebro tarde o temprano, como el agua que entró en el Titanic y terminó por hundirlo, mientras los violinistas seguían tocando.